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Ir al contenidoEn PAITITÍ transformamos los tesoros de la selva en experiencias inolvidables. Nuestro chocolate de altura, elaborado con 100% cacao silvestre, captura la esencia de la Amazonía mientras protegemos su biodiversidad y apoyamos a las comunidades que la cuidan.
Su proceso natural hace de este chocolate que no pierda su esencia de ese tesoro amazónico, conservando el aroma, sabor exótico, su textura robusta hace que consumirlo, te transporte al paraíso de ese mundo silvestre.

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Nuestra prioridad es preservar la selva amazónica mientras aprovechamos sus recursos de manera sostenible.
Chocolate elaborado con 100% cacao silvestre, lleno de propiedades naturales y libre de químicos.
Trabajamos junto a las comunidades recolectoras, mejorando su calidad de vida y fortaleciendo su vínculo con la naturaleza.
Desde 2012, hemos recorrido un camino lleno de retos y conquistas. Inspirados por un sueño, llevamos los productos nativos de la selva amazónica al mercado global. Nuestro enfoque responsable y artesanal nos permite cuidar los recursos naturales mientras producimos chocolate de la más alta pureza, un reflejo del corazón de la selva.
Años después, en 2014, la visión que nació en una conversación en China se reavivó. Ximena, quien había compartido el sueño de transformar Bolivia, se unió al equipo para dar forma a PAITITÍ, un proyecto que honraba a la Amazonía y su riqueza.
El nombre PAITITÍ evoca la legendaria ciudad del dorado, un tesoro escondido en la selva. De la misma manera, el cacao silvestre es convertido en un chocolate que encapsula la pureza y el espíritu de la Amazonía.
El siguiente paso fue diseñar su propia trilladora para procesar el cacao. Con cada prototipo, fueron acercándose al producto que soñaban: un chocolate amargo, robusto, con la esencia de la selva. Su textura y sabor capturan la pureza del cacao 100% natural, conservando el aroma característico de la Amazonía.
Vladimir recuerda los primeros experimentos:
«Revisamos mucha literatura y lo básico era claro: había que tostar el cacao. Lo hicimos de forma artesanal, moliéndolo en piedra (batán) en la cocina de Ricardo. Aunque logramos una textura líquida, el sabor no convencía. Nos dijeron que el fermentado y el tostado estaban mal. Pero seguimos intentando, aprendiendo del cacao silvestre y perfeccionando cada paso.»
Entre aciertos y errores, tomaron una decisión clave: invertir en una enconchadora y estudiar a fondo las propiedades del cacao. Así descubrieron que uno de los mejores del mundo estaba en casa: el cacao silvestre de la Amazonía boliviana, una joya para crear un producto con un sabor único y exótico.
El cacao pronto capturó toda la atención de Ricardo. Más que un ingrediente, era una puerta hacia el desarrollo sostenible de la Amazonía boliviana. Abandonó la frambuesa y se concentró en investigar las posibilidades de este fruto ancestral, cuya esencia podía preservar los bosques mientras generaba valor agregado.
A esta misión se unió Vladimir Campos, un agrónomo apasionado por la ingeniería, la botánica y la geología. Juntos, guiaron la transición de Waki hacia el mundo del cacao. Su primera materia prima llegó desde Caranavi, en los Yungas, aunque eran aún inexpertos en el arte de trabajar el cacao.
Al regresar de China, Ricardo fundó Waki-fs, una iniciativa nacida como extensión de Riego Master, con el propósito de impulsar el desarrollo agrícola en Bolivia. Su visión iba más allá de los cultivos: buscaba proteger el medio ambiente y darle un nuevo valor a los recursos de su tierra.
Aunque introducir sistemas de riego moderno fue un desafío lleno de tropiezos, el esfuerzo comenzó a rendir frutos. Primero, en el altiplano; luego, en los valles, donde surgió una oportunidad inesperada con la frambuesa. Este fruto delicado necesitaba un manejo cuidadoso, y Ricardo buscó una manera de procesarlo para evitar desperdicios. Fue entonces cuando surgió una idea: combinarlo con el chocolate.
Nuestra historia comienza al otro lado del mundo, en la China de principios de los 90, cuando el país empezaba a abrirse a Occidente. En esa época, los viajes al gigante asiático eran largas travesías y las comunicaciones tardaban días en llegar.
Fue entonces cuando Ricardo, un boliviano recién graduado de una maestría en economía agrícola, decidió aventurarse a China para explorar las industrias rurales. En Beijing, conoció a una compatriota que estudiaba en la tradicional Universidad de Pekín. Aquel encuentro no fue casual; ambos compartían una visión: desarrollar su Bolivia natal, un país rico en recursos naturales y cultura, pero que parecía tan distante en ese momento.
¿Estás listo para disfrutar el sabor auténtico de la selva?
Sé parte de una iniciativa que une sabor, naturaleza y sostenibilidad.